¿Los secretos de familia pasan de una generación a otra?

¿Los secretos de familia pasan de una generación a otra?

Sí, estoy convencida de ello porque no podría ser de otro modo. En la vida de las personas, todos los días nacen secretos. Sinceridades a medias, palabras calladas, malas interpretaciones que acaban en enfados, en silencios. Sin darte cuenta desaparece el día cargado de secretos. Algunos puedes llevarlos encima porque son livianos y apenas te afectan, sin embargo, otros te caen como una losa y duelen. Pueden dejarte una marca visible y multiplicarse en nuevas disputas con otros tan ofendidos como tú para acabar  yertas, sin solución. ¿Cómo superas aquello de lo que no puedes hablar? ¿Y si mueres y contigo el secreto? ¿Cómo lo resuelves?

En el caso de Gracia, la protagonista de la novela, han sido necesarias cinco generaciones para que, con calma y sin ápice de emoción ante un pasado de otro, se resolviera.

Jung y la psicología transgeneracional llevan años apuntando que el inconsciente se transmite de una generación a otra. Es decir, que el árbol genealógico contiene, como un holograma, todo lo que somos, sentimos, creemos y padecemos. Invisibles pactos, deudas o frustraciones que se pegan a la piel como un tatuaje y marcan las expectativas y posibilidades del que las hereda.

La ciencia también ha llegado lejos, por ejemplo, con la epigenética conductual según la cual las experiencias de las personas no desaparecen sino que se adhieren, como un residuo molecular, al ADN. Y afirman que las experiencias traumáticas vividas en el pasado, o en antepasados recientes, dejan marcadores que se fijan al gen. Por tanto el inconsciente familiar y la influencia ancestral son claves en nuestras vidas para guiarnos, pero también para reconocer quiénes somos y mostrar nuestro mejor futuro. El único «pero», es que esta información no la recibimos al nacer. No contamos con un vademécum familiar que actúe de brújula. Al contrario, caminamos envueltos en nuestra individualidad, en nuestra unicidad, sin darnos cuenta de que estamos inmersos en un reciclaje infinito. El pasado podría ayudarnos a dibujar en el presente, y con mayor claridad, las líneas maestras de un recorrido del que obtendríamos un futuro prometedor. Seguramente, algún día, la ciencia lo corroborará y nos facilitará un kit de acceso a «quiénes somos» en realidad.